
Qué difícil resulta hablar de algo con cierta objetividad cuando te ha marcado tanto. Esta afirmación, que resulta aplicable a casi todos los ámbitos de la vida, se convierte en verdad absoluta al asociarse con uno de tus grupos favoritos de toda la vida, esa banda que defiendes, de la que te sabes toda su discografía de arriba a abajo y que ansías ver en directo. Hablo de Death Cab for Cutie, agrupación que como ya todos sabréis surgió a finales de los 90 en el estado de Washington, costa oeste americana. Rápidamente se convirtieron en uno de los referentes de un novedoso sonido pop guitarrero por medio del cual crearon joyas del tamaño de “Title Track “, “President of What?” o “A Movie Script Ending” entre otras muchas incluidas en sus primeros tres álbumes. Vino después Transatlanticism, disco que muchos defienden como su mejor creación hasta la fecha, por esa perfecta catarsis pop ejecutada con la voz de Ben, que alcanzaba su punto álgido en la genial canción que da nombre al álbum. Plans es claramente el trabajo más comercial del cuarteto hasta la fecha, y el que les lanzó a la fama de manera definitiva gracias a todas esas preciosas canciones de temática principalmente amorosa que lo conforman. Que levante la mano quien no se haya emocionado nunca con “Marching Bands of Manhattan”, “Brothers on a Hotel Bus” o “Summer Skin”, por nombrar tres de ellas.

