En un momento en el que las tendencias apuntan de manera cada vez más descarada hacia los sonidos artificiales, en el que la inclusión de sonidos electrónicos está a la orden del día cuando se trata de la composición de tu nuevo álbum y en el que el productor de turno roba a menudo la personalidad de los grupos más nóveles, resulta sorprendente encontrarnos con una propuesta tan simple como la de estos jovenzuelos provenientes de uno de los hervideros de pop lo-fi más activos del mundo: la Costa Este americana, de la que también nos llegan propuestas más o menos afines como las de Julian Lynch, Beach Fossils e incluso Kurt Vile. Real Estate lo tienen claro: lo suyo es tan sencillo (y tan difícil a la vez) como tratar de encontrar el corte de pop perfecto, sin más ayuda que la de unas limpias guitarras y las cuidadas voces de Martin Courtney y Matt Modanille(del cual conviene, por cierto, revisar su proyecto en solitario, Ducktails, autor de uno de los temas más “verano” con el que nos hemos topado en mucho tiempo). El resto de piezas del conjunto que conforma este sophomore de los de New Jersey tampoco desentona: la belleza de la portada despide cierta monotonía e irradia simpleza sofisticada, en un claro guiño al patrón que corta cada una de las diez composiciones aquí contenidas. Canciones que, de entrada, suenan realmente similares, pero que empiezan a desprender matices con cada escucha que les das, creando la sensación de que nos encontramos ante un álbum más complejo, en el buen sentido de palabra, de lo que parecía a priori.

